#8. El amor incondicional es fuente de inspiración.

Cuando se ama a lo loco entra el miedo, incluso el pánico a no tener un día la dosis de oxitocina que la otra persona otorga. Amar a lo loco tiene fecha de caducidad.

Amar a otro sin amarnos a nosotros mismos lleva al agotamiento, pues es llenar un pozo sin fondo. Primero hay que trabajar en ese fondo nuestro por profundo que sea, y perspirar hasta que haya suficiente agua para mantenernos a flote, solos. Amarse a sí mismo es necesario para poder amar a los demás.

Amar lanzando anclas no es sano, porque se fuerza la energía de la vida y sus coincidencias, y se altera el camino de lo que hubiera sido y no fue. Y por eso mismo no hay que estancarse en el pasado sino centrar la energía en el presente y fluir con la nueva realidad. A veces la nueva realidad vuelve a poner las cosas en su sitio. En cuestión de amor, nunca hay que forzar.

Las anclas pueden tomar forma de hijos impuestos o comodidad económica. Cuando se intenta anclar con un hijo, podemos permitir ser anclados con la esperanza de transmitir al hijo tranquilidad. Quien permite ser anclado por comodidad económica, al llegar el ocaso saldrá de sus labios la frase: “esta vida no es la que me tocaba vivir”.

El amor incondicional se resume en otra frase: “vivir es amar y amar es vivir”. Hay que sufrir un poquito para comprender el poder de transformación que tiene el amor que no espera nada a cambio, sino la esperanza de que aquel a quien amamos viva feliz en total libertad. Compartir la vida con alguien manteniendo esta premisa es una fuente de energía inagotable, aunque no se comparta una vida física, social o familiar. El amor incondicional va más allá.

El amor incondicional no surge del amor que ancla para subsistir y corta alas. De ahí nacerá un amor terrenal porque un ancla es terrenal. Los hijos crecen y abandonan el nido llevándose consigo el pegamento que unía a la relación.

El amor incondicional tampoco puede surgir sin amor propio. A veces, sin embargo, es un amor incondicional quien nos obliga a hacer los deberes con nosotros mismos: a amar y aceptarnos antes de amar y aceptar a los demás.

Cuando existe amor incondicional ya no hay sed, ni tensión, ni miedo, ni ansiedad. La energía que ese amor genera puede hacernos entender que estamos de paso y, en este pasar, podemos ayudar a todos los que nos rodean a alcanzar su máximo potencial. Este amor no tiene fin, como si retara la dimensión espacial y temporal que nos dieron al nacer. Quienquiera que conozca un amor así, dirá cuando llegue su ocaso: “viví la vida que tenía que vivir”.

© 2009 Gema Álava

http://www.gemaalava.com

Published by Gema Alava

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