#4. La inspiración se encuentra a veces en el subsuelo.

A veces hay que beber de un río amargo para reconocer el sabor de lo dulce, como pasa con algunas frases tristes que acaban siendo fuente de inspiración.

Hace muchos años mi abuelo me cantaba coplas con una voz de otro mundo. Ahora, desde el otro mundo me canta por las noches para que pueda dormir. Aquellas coplas amargas siempre fueron nanas para mí.

Es del sufrimiento de donde sale la fuerza que obliga a cantar bien. Es el sufrimiento quien delata. 

Hay momentos en la vida en los que sin haber tomado una gota de vino se ve todo con una lucidez que asusta. Cuando esto sucede da la impresión de que las cosas que han ocurrido desde el momento en el que nacimos pasaron porque tenían que pasar. Esta lucidez se siente muy dentro, tan adentro que –aunque desafíe a la lógica– se sabe que es verdadera y la razón de estar en este mundo.

En la época de las coplas, de niña, tenía yo un pijama de patitos que me llegaba hasta los tobillos. Con tres años me gustaba dibujar en la pared, con el dedo, la melena de un león naranja que parecía una nube y, a lo Andy Warhol, se repetía en mi habitación empapelada. Me gustaba acariciar al león porque no asustaba. Y así me dormía.

En la época de la adolescencia tenía sueños repetidos que consistían en introducirme en el subsuelo a través de una roca. Recorría túneles estrechos, resbaladizos en forma de tobogán, con trampillas y compuertas que daban a otros túneles. De tanto repetirse el sueño me conocía de memoria sus recovecos, sus pendientes y sus esquinas. Como si fuera una especie de pacto, una voz me advertía antes de entrar: “si no encuentras la salida no despertarás”. Siempre me metí. Siempre encontré la salida. Me despertaba agotada y con sed, pero feliz por no haberme dejado intimidar. A veces me pregunto si aquel training freudiano fue lo que me preparó para sobrevivir tantos años en Nueva York.

Cuando se fluye y no se resiste las canicas de barro se transforman en gotas de gelatina y resbalan por los dedos, como un sebo derretido que quiere ser tuétano protegido por el hueso.

Si no se resiste fluimos siendo quienes éramos incluso antes de nacer, antes de que nadie nos impusiera nada. Es entonces cuando aparece el coraje que nos permite enfrentarnos a huracanes, tsunamis y tornados con los brazos abiertos.

Si no me impones nada te lo doy todo. Si lo doy todo nada me pesa. Si nada me pesa levanto el vuelo. Si me elevo te llevo conmigo. Si no rozamos el suelo la tierra no nos quema. Si no nos quemamos irradiamos calor. Si irradiamos calor desprendemos energía. Si desprendemos energía estamos vivos. Estamos vivos. Estamos tan vivos que a otros damos miedo.

La inspiración se encuentra a veces en el subsuelo.

Copyright Gema Alava. 2019

www.gemaalava.com

Published by Gema Alava

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