#6. El calor de las buenas amistades es un epicentro de inspiración.

Es difícil expresar la cantidad de energía que requiere adaptarse a una nueva tierra, a un nuevo idioma y a una nueva cultura pasados los veinte años. Cortar el cordón umbilical de un patrón que no reconocemos, por permanecer invisible durante tanto tiempo, duele. Duele aun cuando emigrar es para muchos una necesidad.

La lógica de sobrevivir en una nueva tierra no borra los lazos emocionales con la tierra materna. Tan primaria y primitiva es la conexión con nuestros orígenes.

Dar a luz en otro idioma es cosa de otro mundo. Las emociones fuertes suelen expresarse en la lengua que nos dio de mamar, pero, por muy alto que se expresen, el volumen nunca traduce. Y por muchos libros que leamos sobre el tema, no nos damos cuenta del dolor de la separación hasta que un olor, un sonido o un acento interrumpen sin avisar como la madalena de Proust.

La soledad de Nueva York se parece a la puñalada de un punzón de hielo que se derrite y no deja rastro, tan solo dolor. 

Nadie se asienta en Nueva York para suspirar. Nadie abandona un continente por otro si no es por amor o necesidad.

***

La semana pasada la vida me puso a prueba, sentí la necesidad de contactar a amigos cercanos y pensé: “me he centrado tanto en el currículum profesional que quizá he descuidado el currículum emocional”.

Recordé cómo en mi época de quinceañera llamaba a mis amigas y amigos cuando me sentía vulnerable. Y me pregunté por qué demasiado a menudo no me había permitido apoyarme en una mano amable cuando necesitaba un empujoncito extra. (No tengo problema en prestar ayuda, pero reconozco que pedirla me cuesta). Quizá había sido por miedo a molestar, a no estar a la altura de lo que yo creía se esperaba de mí. Quizá pensaba que pedir refuerzos era egoísta. O quizá tenía miedo a ser juzgada. Me repetía: “yo te ayudo, tú me ayudas. Eso es una buena amistad. ¿Por qué a veces da miedo pedir ayuda?”

En conclusión, la semana pasada me di cuenta de que la mayoría de mis amistades neoyorquinas no eran equilibradas pues se habían limitado a relaciones dentro del contexto de trabajo. (El ritmo de la gran manzana apenas deja espacio para nada más). ¿Puede una amistad de trabajo ayudarnos a entender o superar momentos cruciales de nuestra vida cuando nos comunicamos en un espacio que, por norma, nos exige ser “correctos” en lugar de “transparentes”?

Veinte años no es nada dice el bolero. Qué verdad tan grande, pensé. Y me vino a la mente mi amiga del instituto, Hortensia, con quien preparaba tertulias e intercambiaba cartas con fragmentos de libros que nos habían inspirado. Encontré a Hortensia en LinkedIn. Leer su perfil fue como ver su futuro: todo lo que me había contado en aquellas cartas se había convertido en realidad.

Después de veinte años de silencio le escribí un mensaje. Hortensia me respondió de inmediato y, al instante, conecté con aquella sensación de quinceañera, cuando los amigos juegan un papel crucial en nuestra evolución como seres humanos.

Mis pensamientos, con todas sus dudas, habían sido la razón por la que me había desconectado sin querelo de las buenas amistades. Erróneamente le había echado la culpa a la distancia y al tiempo.

Así que, por pura intuición, sin un motivo concreto, esta semana hice lo siguiente: pensé en amistades con las cuales había crecido en algún momento de mi vida. Les envié un mensaje comentándoles brevemente lo que acabo de escribir, y les pedí si me podían ayudar a definir nuestra amistad, ya fuera por teléfono o por texto.

Tengo que reconocer que una parte de mi tenía miedo a molestarlos, a no estar a la altura de lo que yo creía esperaban de mí, o a ser juzgada. Aun así envié los mensajes.

Mis amigos respondieron. Y sus respuestas me emocionaron. Y me pregunté por qué me había dejado guiar tanto tiempo por mis propias inseguridades, creyendo que podía confrontar grandes retos sin ayuda, convencida de que era así fuerte, cuando lo que estaba haciendo era desgastándome. Y me pregunté por qué no había enviado esos mensajes mucho antes.

Enviad mensajes. Las buenas amistades no juzgan. El calor de una buena amistad siempre será epicentro de inspiración.

Copyright Gema Alava. 2019

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Published by Gema Alava

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